1899 – Cuando los tiempos chocan

Siempre me pregunté, que pasaría si, algunos de los hechos históricos de nuestro país hubiesen ocurrido de otra forma ¿cómo nos habría afectado a nosotros? ¿seríamos una sociedad distinta? ¿seríamos vistos de otra forma por nuestros vecinos? ¿habríamos llegado a la luna antes que los gringos? bueno, puede que la última pregunta no rondara por mi cabeza como las otras, pero si, alguna vez me pregunté… what if?  Cual sería mi sorpresa, cuando caminando por los pasillos de un supermercado (de esos que tienen una sección de libros, no haré publicidad gratuita a nadie que no nos pague por ello) me encuentro con una portada que dice «1899 – Cuando los tiempos chocan» y con una contraportada que prometía responder a algunas de estas interrogantes, presentándome una historia de Chile que yo desconocía, tomando personajes, hechos y lugares conocidos, para hacerlos algo nuevo.

Así que hice lo que cualquiera en mi lugar habría hecho… esperé un par de meses a que el libro bajara de precio y lo compré… He de reconocer que tuve que reprimir el impulso primario de comprarlo el mismo día, ya que siempre he sido un fanático del comic chileno.

Francisco Ortega y Nelson Dániel, nos presentan un Chile 20 años después del combate naval de Iquique, pero en el que la historia fue reescrita: Chile gana la Guerra del Pacifico, y no sólo eso, se convierte en una potencia mundial por el descubrimiento de un nuevo mineral, la «metahulla» que permite a Chile ganar control sobre los cielos y un desarrollo tecnológico sin precedentes.

Es así, como cuando nos situamos en 1899, vemos a nuestro protagonista, el Inspector Luís Uribe – que en nuestra línea temporal, fue uno de los pocos sobrevivientes de La Esmeralda –  investigando atentados de supuestos terroristas peruanos en territorio nacional.

Y es que, según esta nueva historia, los peruanos tienen mucho más motivo para odiar al pueblo chileno, ya que Arturo Prat, nuestro héroe patrio, era el Capitán del navío aéreo que dejó caer el equivalente metahullano al «Little Boy» que cayó sobre Hiroshima, haciendo desaparecer a la hermosa y antigua ciudad de Lima del mapa… y a todos sus habitantes…

La premisa es auspiciosa, la idea, brillante, dentro de lo que podría llamarse «La nueva historia de Chile» , de la que están siendo partícipes otros autores chilenos como Jorge Baradit con su «SYNCO», por ejemplo, dejando un fértil campo para que otros aventureros de la narrativa nacional, en cualquiera de sus expresiones, pueda aportar con su grano de arena al desarrollo de esta neohistoria.

Sin entrar en mayores detalles ni spoilearle a nadie la lectura, tengo que decir lo siguiente:

Algo falta para que la historia cuaje del todo. Está llena de guiños a los lectores, tanto de comics, como de literatura fantástica y de terror. Pero estos mismos «guiños» terminan por saturar, dejando a la historia atada a estas referencias que podrían haber sido insertadas de forma más sutil, más elegante, sin dejar de ser el homenaje que son.

Y no piensen mal, por favor, la historia es digna de leerse, la narrativa de Ortega es rápida y te mantiene inserto en la historia, sin puntos bajos.

En lo gráfico, Nelson Dániel es excelente. Sobre éste aspecto, sólo me referiré a dos puntos: en lo personal, creo, se apoyó en demasía en la utilización de tramas, lo que hace que su dibujo se pierda un poco, pero como digo, es mi opinión personal como lector de cómics, me gusta su dibujo, pero a ratos parece distinto, extremádamente detallado en algunas viñetas, y muy simple en otras.

El planteamiento de la historia es, sin lugar a dudas, una muy buena idea para desarrollar la más fantástica historia que se nos pueda ocurrir, pero por lo dicho anteriormente, no llega a alcanzar su potencial completo.

Esta historia, según se presentó en la última FILSA, se ha pensado como una trilogía, así que aún nos queda por ver que otras nuevas sorpresas nos presentan los autores, y quien sabe, puede que todo esto tenga una razón de ser, que haya sido pensado así para el desarrollo argumental de la obra completa.

Así que sólo me queda esperar para ver si «1959: La guerra del Fin del Tiempo»  me hará cambiar un poco la impresión que tengo de esta obra, después de todo, es tan sólo el principio.

 

Sobre Dardanus

El Paladín Manco viaja entre planos recolectando información del ñoñoverso, algo del pasado, algo del presente y a veces, del futuro...