Alberto Fuguet – No Ficción

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Lo último de Alberto Fuguet me pilló con los pantalones abajo, este dialogo presentado en sociedad como «No Ficción» lo tomé un poco como eso, que era verdad pero tal cual como cuando en la escuela me salieron con que a veces 2+2 no es na 4 (con lo que me había costado eso)  no toda no ficción es Si realidad, aunque de todas formas no sabía que Fuguet era Gay ni lo subidito de tono que era esta novela, vamos por el copy/paste de la sinopsis y nos lanzamos:

 Dos tipos que rondan los cuarenta años se juntan una calurosa tarde en el estrecho departamento de uno de ellos a conversar y a ajustar cuentas con el pasado. Podría decirse que se trata de una ex pareja, aunque quizás nunca lo fueron del todo, pues detrás de una ambigua relación gay de casi diez años hay una ausencia llamativa, determinante, rara. Y es justamente esa ausencia la que provee de suspenso y sentido a la larga conversación que ambos sostienen mientras toman whisky y cae la noche santiaguina.

Ya cacharon ya, uno abre el libro y sale este alter ego de Fuguet, Alex, escritor y cineasta diciéndole al Renzo: «Voy a escribir de Ti Weon» y el otro entra en pánico porque igual cacha como viene la mano, o sea, algo hubo con el famoso Alex y este se va a ir de tarro, mas encima no es que el otro vaya a escribir en su diario de vida o en un blog como ésta wea que no lee nadie, no, el loco es escritor y es famoso y va a sacar una novela, cáchate el tete, el tío Emilio y manos al fuego son un moco al lado del forro en el que se metió el Renzo, porque claro la novela va a existir por mucho tiempo, los libros no mueren como la tv o pueden resucitar en cualquier momento.

Con esa frase comienza este manso ni que dialogo, son estos dos locos juntos una calurosa tarde noshe en el departamento de Renzo, porque hay que conversar de los 8 años que estuvieron juntos, 8 años en que Alex estuvo enamorado de Renzo y quizás peor aún tenía la esperanza de que este en verdad lo amara porque había una ambigüedad ahí, algo no dicho, o sea si, se dijo pero al final y ya a esa altura es como pa no creerlo mucho, duermes con un weon abrazadito, te hace cariño en la cabeza hay sus erecciones locas por ahí pero el Renzo encuentra que eso es de lo más normal del mundo y le achaca al otro que es maraco y que se pasa películas o sea ¿ qué onda Renzo weon?.

Alex vuelve para decirle que va a escribir de esto, necesita sacárselo de alguna forma, se lo ha contado a todos sus amigos, a pedido puntos de vista pero eso no basta, hay que sacarse el rollo completo y como no es boxeador no puede subirse a agarrarse a combos pa olvidar, pa mala cuea del Renzo es escritor, y lo va a escribir.

Se mezclan cosas en su relación, Alex es de lucas un cuico Renzo no, Alex le da todo económicamente a tal punto que piensa que el otro lo tiene ahí por las lucas, ahora nada que ver que le achaque la culpa al Renzo porque él no tiene carácter, pero el dialogo está bien armadito con varias capas para que por un lado uno le encuentre razón a uno y a otro. Y finalmente son dos tipos solos que se acompañaron demasiado, demasiado para que fuera solo una amistad.

Yo que soy medio resentido encontré harto clasismo, o sea es un «tema» que el Renzo tenga un departamento en Santiago Centro nomas, al Alex todo el rato dan ganas de cantarle «Por qué se van» de los prisioneros,(a los dos en realidad porque a pesar de que Renzo no es cuico y pa más re cachas es de Curicó también está metido en esta volada snob que odian barrios completos de weones que creen tienen onda y mundo, esa wea es bien apestante, lo que si agradezco que por fin un weon sin lucas viva en Santiago centro y no como esos personajes de Zambra todos deprimidos y espinillentos que ganan 2 lucas a la semana y se las arreglan como pueden en un departamentito en «Ñuñoa».

También hay delicadezas grosas en la novela que me gustaron mucho, la confusión de Renzo es notable ya que el libro finalmente se trata de si asumirá o no que es homosexual, y si el Alex se lo comerá de una vez por todas, eso está muy bien plasmado o al menos es muy creíble y es de a poco. Compararon mucho a Fuguet con Simoneti por este libro pero La razón de los amantes se siente como una novela rosa, una fantasía romántica gay donde aparece este George Clooney de clase acomodada andando en su Audi por sanhattan que se da vuelta en dos páginas al macho hetero casado y con hijos de familia tradicional de rancio abolengo, acá el Renzo se le corretea al Alex en cada página, es como una encerrona heavy:

-Me acuerdo Perfecto de ese día. De ese último día. Nos despedimos con un beso.

-No en la boca.

-Si sé. Nunca nos besamos en la boca, Renzo, lo tengo más que claro.

-En la mejilla. Nos besábamos en la mejilla. Como argentinos. No vas a poner que nos besamos en la plaza porque no es verdad ¿Cierto?

-No voy a poner eso porque no ocurrió.

-Es ficción no deberías inventar.

-Y soy un hombre. Y me gustan los hombres ¿Algún problema?.

Con dos autores, Fuguet y Bolaño me cuesta mucho separar al autor del personaje, Bolaño incluso me patea con esa wea que no sé si es verdad o es mentira todo lo que cuenta, como que es su vida mezclada con otras cosas, como que juega a ser el mismo en distintos escenarios. La diferencia con Fuguet hasta ahora era que este último siempre parece estar metido en algún lado de sus páginas pero no parecía ser él mismo, uno pensaba: más de algo de mala onda debe haber vivido y además están sus verdaderos libros de no ficción que son mis favoritos Apuntes autistas, Cinépata y Tránsitos, pero ahora como que hizo lo mismo que Bolaño uno queda pensando: será ficción, será verdad o solo es No Ficción?.

 

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