Diaz Eterovic – La Oscura Memoria de las Armas

Me gustan mucho las novelas policiales y siempre me preguntaba por qué no teníamos a ningún detective chileno y bien guachaca paseándose por las calles de Santiago pero resultó que si teníamos a uno y muy famoso con aproximadamente 16 tomos, una serie de TV y  varias  Novelas gráficas bajo el brazo: el famoso detective Heredia del escritor Ramón Diaz Eterovic, tiene tantos libros que supuse que no importaba por cual partir así es que me compre el que más me tincó, la cosa va más menos así:

La cesantía de Heredia llega a su fin cuando una profesora recurre a su ayuda para investigar la muerte de su hermano menor. Las primeras informaciones apuntan a que se trató de un lamentable accidente callejero, pero el detective desconfía de las apariencias y comienza un trabajo que lo llevará a hurgar en la oscura memoria de nuestro país, y a recorrer los bajos fondos de Santiago pesquisando las huellas que le permitirán resolver una de sus más complicadas y trascendentes investigaciones.

Lo que llama la atención a penas uno comienza la lectura es ese tono tan Noir y a la vez tan chileno, el autor se apodera de todos los cánones del género y los sitúa en plena Plaza de armas, con sus visitas a más de un café con piernas, apuestas en el Teletrak, su completito en el Portal Fernández Concha y uno que otro de un copetito en la piojera, a esto le sumamos una galería de personajes llamativos y criollos como el Kiosquero Anselmo que hace las veces de secretario y amigo de Heredia, el Gato Simenon con el que el detective tiene profundas conversaciones (Si, el gato habla) y finalmente Heredia, un viejete cincuentón, bueno pal trago, culto y melancólico que se saca de la nada tremendos versos de poetas muertos y olvidados mientras trajina su desgastada gabardina (porque no se puede ser detective sin la famosa chaquetita) buscando con esperanza algún cigarro perdido.

Las cavilaciones de Heredia sobre la vida y el amor junto con las conversaciones con Simenon y Anselmo son de lo mejor del libro, yo creo que es por ese aire melancólico coronados con unos arranques tan poéticos que lo dejan a uno pensando:

Los apostadores que tenía a mí alrededor eran los personajes de una tragedia cotidiana. Tipos Cansados, mal vestidos y con el inconfundible estigma del fracaso en la mirada. Y Mezclados entre ellos, los peluzas que vendían cigarrillos y las putangonas viejas que intentaban convencer de sus encantos a los pocos jugadores que habían acertado en sus apuestas. 

Lo que no me gustó fue el recurso utilizado hasta el cansancio (y un poquito mas)por el autor: que ante cualquier suceso a investigar Heredia busca algún testigo que hubiese visto algo, este le da un nombre, luego se procede a la búsqueda del dueño de este nombre que le da otro nombre (siempre hay alguien que se sabe un nombre) y así sucesivamente mientras se va alargando o resolviendo el caso depende de en qué parte de libro uno vaya (antes de la mitad o pasada la mitad) lo que al final aburre, hace la lectura un poco pesada y le quita todo el impacto al clímax.

Se compensa con una buena dosis de persecuciones y peleas en calles y barrios que la mayoría de los Santiaguinos debe conocer junto con un vívido y cercano retrato de las víctimas de las torturas durante el golpe militar.

 

 

 

 

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