Gonzalo Frías – Tracking

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Este libro me impacto profundamente porque no es nada de lo que esperaba que fuera, como el autor es el pelado del programa Séptimo Vicio de Vía X pensé que sería un tomo sobre películas, datos freaks o análisis de algún tipo y me encuentro con un visceral testimonio familiar con la memoria mágica de un niño que ama el cine y que puso sin querer o queriendo a todo su entorno alrededor de una pantalla hasta convertir su memoria en una película.

Por lo mismo tuve que empezar a leerlo dos veces, la primera me nockeó ya que parte hablando de su madre y del dolor de perderla mientras la iba perdiendo, fuerte, pareciera ser una advertencia y un saludo de caballeros: De esto se trata este libro compadre si quiere seguir allá usted. Porque en este capítulo nos presenta a la mamá de Bambi que es su mamá a la que en algún momento le escribe:” Me gustabas más cuando estabas borracha” o la que escribía: “A mi hijo le dio películitis por eso no asistió a clases ayer, se quedó viendo películas”. Este capítulo es de una amargura, de una sinceridad y de una valentía tan abismal que no lo pude pasar a la primera, abandone el libro y preferí seguir con otras cosas, luego tome aire, ya sabiendo como se venía la cosa y me lo comí de un respiro, aguantando el aire todo ese primer capítulo, quizás porque casi todos tuvimos una madre y el dolor de perderla tiene la universalidad de las películas.

Luego vienen el resto, en el que este pelado se convierte en una especie de Edward Bloom(Big Fish) contando una historia mágica y hermosa en la que también se cuela la cruel realidad pero al parecer logra domarla, o quizás con estos personajes tiene un pasado más reconciliado así es que les permite quedarse ahí a medio camino entre persona y personaje como su abuelo que le contaba historias de piratas y lo llevaba al cine y se venía con el jugando a los Gruñis como le decía a Los Goonies o su abuela que le pedía ver películas que no se trataran de mucho o don Anselmo que tenía un video club al final de una zapatería en la que muchas veces:” él reponía una carátula en mal estado o robada, con un dibujo parecido hecho por él. Incluso escribía algunos de los créditos a los que no venían en la carátula original, Decía que debía ser obligación poner al zapatero de las estrellas, porque<hay que honrar esos sonidos de los pasos en la niebla de Londres cada vez que Jack el Destripador va a hacer de las suyas>.” Leer a don Anselmo me emociono un poquito porque todos los que hemos sido un poco ñoños conocemos a nuestro propio don Anselmo, yo hablaba mucho con la señora Amada, era una abuelita que vendía libros en MacIver con Alameda, al parecer tuvo un largo matrimonio con un personaje culto y galán, ella lo recordaba con cariño, ambos amaban los libros y las historias, el ya no existía y ella a puro pulso escribió y publico su libro y lo vendía ahí en la calle, lo ponía entre los del señor de los anillos e Inteligencia emocional (todos pirateados menos el suyo).

Hay muchas frases hermosas en el libro, algunas parecen sueltas, de pronto parte con una frase y arma todo un párrafo alrededor de ella, así mismo pasa con estos personajes que se reúnen solo aquí y solo en este tomo donde el autor presiona el botón Tracking de su memoria, un VHS sucio y a mal traer, en el que de pronto comienzan a aparecer todos estos personajes para dar cuenta que sus vidas estuvieron cruzadas por la magia del cine.

 

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