Martín Muñoz Kaiser – Evento Z

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En las primeras páginas de este libro cuando nos presentan a Javier un brigadier de Bomberos heroico, temerario y atento se me vino a la cabeza inevitablemente el recuerdo de otro brigadier, Álvaro Plaza, de 16 años, quien murió rescatando a una mujer y su hijo en el alud del Río Salado en Diego de Almagro. Leí la historia de ese muchacho hace un tiempo en la revista Sábado del Mercurio, la relación que tenía con su madre y su amor por servir y su valentía se hermanan de manera muy especial con el personaje principal de Evento Z.

Dejando los homenajes de lado estamos frente a una novela de zombis, ambientada en Valparaíso, escrita por Martín Muñoz Kaiser quién a su haber tiene El Martillo del pillán, la notable Wbk (reseñada aquí) y acaba de editar el Sátiro, por lo tanto, podríamos decir que está escribiendo más rápido de lo que logro leer sus libros, bien Martín (o mal weon del blog que eres tan pajero para leer)!.

Evento Z (Zombis en Valparaíso) tiene un título que hace que sea inevitable leerlo ¿Sí o no?, o sea yo he ido a valpo he igual se ve harto zombi sobre todo el domingo en la mañana, pero los que salen aquí son un poco más cuáticos, para ponernos en contexto partimos en un crucero que anda cerca de Valparaíso en el que viene un gringo guataca que lo dejo la señora y decidió ir a darse una vuelta por el mundo comiendo y  follándo de lo lindo, la cosa es que en una parada en Tailandia el guatón califa bajo y se culio un zombi y era. (Guatón cochino eso te pasa por no usar condón).

Una vez que estamos claros con el tema de «cómo empezó esto» (walking dead aún no aclara eso) el autor nos presenta a parte del elenco, partiendo con un par de cabros chicos puntudos y chistosos, Javier y Weipin ñoños, pintamonos y engrupidos y a la hermana de Weipin, Sying, a la que javier le tiene echado el ojo que rato, por otro lado está el equipo B, un grupo de compañeros de trabajo con Claudia, una mina seca e independiente, Shannon una gringa antipática y Pedro que es entero niñita y que las minas se lo pasean todo el relato.

Una vez claros los contenedores solo nos queda esperar que se desate el infierno y eso quiere decir que se baje el guatón califa en Valpo para ver que se puede comer, y cuando eso sucede, el autor se pone los guantes, un par antiparras, una pechera de cuero y nos fuimos.

El relato tiene un ritmo aceleradísimo que lo hace muy entretenido, Martín tiene una prosa ágil y logra que uno se deslice muy fácilmente por sus páginas, además tiene la gracia de ser divertidamente descriptivo, cosa que se repite en sus otros relatos (se me ocurre que se debe agradecer especialmente en El Sátiro) por lo tanto el libro se acaba al toque. Los personajes están muy bien delineados sobre todo los niños que son increíbles, lo que no me gustó, aunque para algunos puede ser un plus más que una desventaja es que cuando ya aparecen los Zombis y queda la cumbia en Valpo, pareciera que todos los personajes, cabros chicos incluidos dijeran «Ya ctm, a matar zombis», y vamos agarrando arcos, pistolas, metralletas, palos, palancas de cambios de las micros (esas que tenían un bicho en ámbar tipo Jurasic Park, así me la imagine yo) y no dejaron Zombi con cabeza, eso para  mi fue un poco pasado de rosca, onda se pasa de Walking dead a Kick-Ass sin concurso ni sorteo y uno así con cada pepa limpiándose los sesos sanguinoliento de las corneas y preguntándose cuando aprendieron a manejar armas estos cabros chicos..!! (aunque tengo varios vecinos de la pobla que tienen la misma edad y no la hacen nada de mal tampoco) pero una vez lo asimilas le echas pa’ delante nomas y te dejas llevar.

Rápido, entretenido, sangriento, asquerosiento y pasado de rosca…mil quinientas estrellas y un George A. Romero Award!!!..

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