Pedro Lemebel – De Perlas y Cicatrices

Hasta que me encontré con Pedro Lemebel y aún no salgo del Shock, cómo no si está muerto dirán ustedes y yo de vuelta les digo al tiro que no sean langis, si sé que esta muerto lo que pasa es que yo soy entero de metafórico y me refería a encontrarme con uno de sus libros: “De Perlas y Cicatrices” que son esos libros o esos artistas que hacen de lo cotidiano algo maravilloso como ir a la feria, pasar por un canastillo de flores a la Pérgola o una pareja de Hippies de clase alta que en una habitación hacían reuniones ultra hipster con sus amigos escritores y en la otra tenían un cuartel de la Dina y torturaban gente. Bueno, quizas esto último no aplique muy bien al ejemplo pero se entiende mas menos a donde quiero llegar.

Hacer eso, a mi parecer, siempre es es lo mas difícil, como cuando escuchas un tema cantado en un susurro con un arreglo desnudito pero elegante o lees un libro que cuenta una historia que podría ser la de tu abuela o ves un cuadro que parece pintado por un niño y si eres medio picado a artista y medio envidioso, y te vas por la vida veleidoseando, porque no decirlo, piensas: “Esto lo podría haber hecho yo”, pero sabes que no, que es imposible porque aveces el talento no basta, hay que usar también una gran cantidad de herramientas para construir algo simple pero hermoso y no que de pura suerte tu falta de técnica (y de talento) de con algo.

En estas crónicas se ve que hay mucho de todo, que Lemebel es mas que papel y tinta, hay una capacidad de observación y una poética tan brutales tan rebosante de rabia y melancolía. A veces aparecen palabras que ni siquiera estoy seguro de que existan, quizás son nuevas o es solo que no se habían usado nunca porque a nadie la había interesado hablar así de la pobla, del obrero, nadie había querido sacar de la caricatura al pobre (en cuanto programa de tv y tira cómica no lo hemos visto), nadie había querido darle mas colores a ese flaite en blanco y negro ese de las barricadas, ese de los portonazos, ese de los cogoteos, ese flojo que es flojo y no surge porque no quiere, ese que se suicida lentamente a punta de antenazos de pasta base en la plaza de un barrio pobre llevándose consigo a su familia, a su barrio y finalmente a todo un país que ni siquiera se digna a mirarlo, que nunca lo quizo como solo pudo verlo y quererlo Pedro Lemebel.

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