Sandor Marai – El último Encuentro

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Empecé el año con uno de los libros que más había pateado, siendo de mis autores favoritos, el gran Sandor Márai, lo pateaba porque tenía ganas de leerlo de una sola tirada ya que es un dialogo de dos amigos que sucede en una sola noche pero al final igual no me la pude y me demoré como una semana.

A ver, creo que debemos partir con el tonto copy/paste de la sinopsis:

Dos hombres mayores, que de jóvenes habían sido amigos inseparables, se citan a cenar tras cuarenta años sin verse. Uno ha pasado mucho tiempo en Extremo Oriente, el otro, en cambio, ha permanecido en su propiedad. Pero ambos han vivido a la espera de este momento, pues entre ellos se interpone un secreto de una fuerza singular. Todo converge en un duelo sin armas, aunque tal vez mucho más cruel, cuyo punto en común es el recuerdo imborrable de una mujer. La tensión aumenta, línea tras línea, hasta que se hace casi insoportable, pero la prosa continúa, implacable, precisa, fiel reflejo del empeño de los protagonistas por hurgar hasta en lo más recóndito de sus almas, allí donde se encuentran esas verdades cuyo descubrimiento provoca, al mismo tiempo, un insoslayable dolor y un incontenible impulso vital.

Este caballero, Márai digo, le gusta lo de la menudencia, indagar en las profundidades del alma humana(o meter el dedo en la herida o buscarle el cuesco a la breva como se dice), darle una y otra vuelta a las relaciones de pareja, de amistad, a las clases sociales y eventualmente todo lo que pueda unir o separar a un ser humano de otro.

En este tomo usando el último encuentro de dos amigos que separados por 41 años se juntan en el ocaso de sus vidas para tener una conversación pendiente (harto le habían hecho el quite parece), Márai se permite ahondar en la amistad, la juventud, la vejez, las clases sociales (como siempre) y obviamente en el amor, siempre con esa sabiduría tan imperecedera que tienen sus historias, con una moral que parece no pasar de moda, aunque debo decir que lo noto menos pulido que en otros relatos, más redundante, como que le cuesta llegar a lo que quiere decir pero me queda la duda de si esto es intencional para adaptarlo a la anciana edad del personaje o si ya estaba medio chato y dijo ” que tanto, así no más”.

El viejo General mientras espera a que Konrad llegue al castillo a cenar, manda a Nini la criada, la mujer que lo vio crecer y la única testigo de sus vidas y de los sucesos a relatar, a que desempolve el viejo castillo (ahí tení pega cabrita) y que disponga todo, con lujo de detalles tal cual estaba 41 años antes, la noche en que Konrad huyó (A veces los detalles son extremadamente importantes. Enlazan todas las cosas en un Todo y unen todos los ingredientes de la memoria.) . Ella lo recuerda bien, el General lo recuerda y Konrad lo recuerda porque al parecer la vida de todos se detuvo en ese momento y se quedó en una larga pausa a la espera de que Konrad recorriera el mundo y volviera a cerrar ya no un capitulo sino sus vidas enteras.

Al comenzar el libro esperaba un dialogo, pero se me olvida lo que le gustan los monólogos a Márai, en La Mujer Justa y en Los rebeldes abundan y acá finalmente es un largo monólogo que le suelta el general a Konrad quién permanece callado la mayor parte del relato (yo con mi déficit atencional no hubiese pescado ni la mitad de lo que le dijeron, era que el general la hiciera igual que mi mamá para pillarme no más: ¿a ver que te dije recién?).

El viejo General nos cuenta como se conocieron, como entró Krizstina en sus vidas y cómo fue que se separaron. No dilatemos más el asunto, aquí viene flor de spoiler: Le ponían el gorro al General, ya, lo dije y que… hay un triángulo amoroso similar al que relata en La mujer Justa pero no pone el foco en la pareja de esposos sino que en los amigos, siendo Krizstina, la mujer, quién está en el medio y no al revés, de hecho la dibuja difusa y misteriosa, lejana o al menos lejana para el General y nos queda la duda de que tan real y cercana fue para Konrad. Ahora eso de spoiler no es ni tanto en un libraco de Marai, ya que como se dice: son las vueltas las que dejan (y hartas que se da).

Obviamente los tres son de clases sociales diferentes, digo obviamente porque al menos en los libros anteriores que he leído de Márai se da este juego, incluso podría llegar a pensar que este libro se trata de eso, de la desaparición de una época reflejada en estos tres personajes, un general aristócrata con una esposa de clase media a la que relata casi agradecida del estatus que le dio al desposarla y de Konrad que viene de una familia venida a menos al que le llega incluso a doler la riqueza de su amigo (estaba muy rico).

Siento que el libro intento llevarme hacía un clímax que finalmente nunca sucede, el general a medida que habla se va dando cuenta que ya nada de lo que pregunta tiene importancia, de hecho una de las respuestas más importantes del libro está en una libreta que finalmente tiran al fuego. Uno jamás podría decir nada de la lucidez con que Márai expone sus ideas y construye sus argumentos pero siento que este libro queda al debe, los personajes no crecen, el clímax no puede provocar nada en ellos por lo tanto tampoco provoca nada en el lector, si encandila como siempre con lo sabio de sus palabras pero la historia empieza y termina donde mismo. No se le puede negar lo seco que es para tenerte metido, aclararte el cuento y nunca hacer lo que promete: Una gran revelación.

Si hay sub lecturas y conclusiones que uno irá sacando con el tiempo porque eso sí, la novela se queda en la cabeza de uno por mucho rato y además tiene la maestría de mantenerte pegado a sus páginas escondiendo un misterio que finalmente se diluye y ya no le importaba mucho a nadie y para hacer eso con gracia hay que tener talento.

En mi escala de ricolates a este autor a este libro le doy hartos menos que a Los Rebeldes y la Mujer Justa, pero de que es gueno es gueno.

 

 

 

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